Distribución bioclimática: el patio claustral en impluvium y la doble altura
A partir de este plano de asiento, la vivienda de 200 m² fragmenta sus funciones mediante un binarismo claro. La organización de la sección responde a las normativas locales, que imponían el uso obligatorio de cubiertas inclinadas. Para cumplir este condicionante sin renunciar a la pureza ortogonal —un desafío formal ya explorado en nuestro proyecto en Fresnedillas de la Oliva—, la cubierta del bloque norte se pliega interiormente en un impluvium. Esta sustracción disimula la inclinación requerida desde el exterior y funda un patio interior que introduce luz cenital y ventilación cruzada en la zona de noche.
En este bloque norte se articula el programa privado, configurado por tres habitaciones que optimizan su orientación. El confort térmico y la privacidad se priorizan al proyectar el dormitorio principal en suite con vestidor integrado. Las transiciones hacia las áreas de servicio se resuelven mediante un espacio funcional de lavandería que antecede al baño común, actuando como un filtro que garantiza la independencia acústica de las estancias de descanso. Asimismo, la cocina se independiza formalmente del salón-comedor, vinculándose de manera directa con el patio claustral para potenciar las transiciones exteriores y la ventilación natural pasiva.
Por el contrario, la pendiente obligatoria resultó imposible de ocultar en el volumen central. Lejos de ser un inconveniente, esa inclinación se aprovecha para proyectar el salón-comedor en una imponente doble altura. Este vacío conecta la planta baja con el nivel superior, donde el programa flexible de despacho-dormitorio con baño independiente se abre a un balcón meridional que vuela sobre el porche inferior, dominando la perspectiva de la cuenca natural del entorno.