
A fin de enlazar el repertorio heterogéneo de edificaciones y áreas incluidas en el diseño del conjunto edificatorio para la Iglesia Ortodoxa Antioquena, hemos decidido por comenzar modificando levemente la morfología natural de la parcela.
Dividida en dos niveles con una diferencia de altura cercana a los dos metros, manipulamos su topografía para disponer de tres terrazas a media altura, introduciendo así un factor relacional que aportaría riqueza y variedad al vínculo entre los distintos elementos en juego.

Hacia la avenida Bolívar, en la terraza más alta, la iglesia destaca por su tamaño y posición para poder ser vista desde lejos.
Su orientación satisface el principal requisito de orientar el altar hacia el este (como corresponde a la antigua tradición cristiana), lo cual condiciona en gran medida algunas estrategias implementadas en el proyecto; tal y como el hecho de tener que disponer el atrio lateralmente, transformando así el hastial sur del templo en el frente principal, mediante una larga marquesina que, junto al llamativo cancel metálico que separa de la acera, abarca toda su extensión.
Junto al templo, una edificación de dos plantas que prácticamente da la espalda a la calle de servicio para volcarse hacia el interior del conjunto mediante amplios ventanales y balcones, contiene el despacho y la casa parroquial.
En la terraza intermedia, casi ocupando el centro geométrico del proyecto, se ubica el salón de usos múltiples: un volumen rectangular, paralelo y similar en área a la iglesia, el cual aprovecha la ventajosa orientación norte-sur de sus lados largos para establecer accesos y vistas.
Este edificio del salón dispone en su cubierta de una amplia terraza-solárium, acondicionada para poder permanecer cómodamente a resguardo del sol, por parasoles de policarbonato y estructuras metálicas livianas que se entrelazan formando motivos ornamentales.
Apoyados sobre pedestales que son chimeneas para extraer el aire caliente del salón y biombos, poseen una altura que genera ámbitos con cierta intimidad, cuando las personas permanecen sentadas en los sillones y tumbonas que amueblan el área.
Desde esta terraza la mirada se expande hacia los valles circundantes, justo cuando el nivel alcanzado hace atractivo otear el paisaje y nos permite dominar casi todas las dependencias del conjunto, corroborando con tales ventajas la pertinencia de variar sutilmente la sección longitudinal del terreno señalada inicialmente.
Todas las edificaciones se congregan alrededor de un patio en cuyo centro trazamos una amplia exedra para bordear, enlazar y repartir las actividades, abrazando un frondoso árbol de hoja perenne cuya posición, además de acondicionar térmicamente el corazón del conjunto, comparte simbolismo con el agua de la pila del baptisterio, cuyo rumor constante aporta el característico suave murmullo de las fuentes.
En la cota más baja, aprovechando el desnivel para evitar excavaciones, un estacionamiento de dos plantas sirve también en su parte superior como cancha múltiple.

Iglesia y salón, las dos edificaciones más representativas del conjunto, adoptan la tipología basilical (cuya función primigenia, pese a variaciones, era simplemente la de una gran sala de reuniones), siendo parecidas entre sí, según sus configuraciones rectangulares en el plano horizontal, pero diferenciadas notablemente en el plano vertical, como corresponde al rol desempeñado por cada una (1).
Prescindiendo de columnas en su interior, la iglesia evoca la tradicional división espacial en tres naves mediante el facetado interior de la cubierta, confluyendo en su parte alta en un lucernario longitudinal continuo.
Dicha abertura superior es como una grieta cuyos lados laterales superiores, recubiertos mediante la técnica de dorado con pan de oro, tiñen y sacralizan la abundante luz natural que baña el interior de la iglesia.
En tal sentido, la estructura propuesta para su construcción evoca los arcos apuntados típicos del gótico, los cuales permiten elevar la “bóveda” sin necesidad de mantener una forzada relación entre el ancho y la altura; ofreciéndose visualmente como confluencia de planos ascendentes, y no como una estructura de soporte.
Así mismo, las cerchas metálicas (tal y como ocurre con los arbotantes típicos del gótico), se sitúan al exterior, sin que interiormente pueda imaginarse la estructura responsable de sostener la edificación: evidencia de una ficción constructiva que hace del espacio de la iglesia una atmósfera cargada de valores trascendentes.
Por su parte, la edificación que constituye el salón está compuesta por una nave central soportada por columnas y más ancha que las dos naves laterales, de neutralidad y sencillez formal, ofrece espacio disponible para albergar usos diversos.
Inspirados por tipologías monasteriales antiguas (actualmente reivindicadas por arquitectos cuya sensibilidad ha sabido revalorizar las virtudes topológicas y medioambientales de estas edificaciones), hemos querido que el conjunto edificatorio para la Iglesia Ortodoxa pueda percibirse como un único objeto; híbrido y pleno de vitalidad, resultado de orquestar las distintas exigencias de uso.

El diseño del conjunto edificado para la Iglesia Ortodoxa Antioquena es un ejemplo de cómo integrar edificios de diferentes funciones y características en un complejo armónico y funcional. La manipulación de la topografía crea tres terrazas que sirven como elementos de conexión entre los edificios.
La iglesia, ubicada en la terraza superior, destaca por su tamaño y cumple con los requisitos de la tradición cristiana, resaltando su altar hacia el este. El atrio lateral y la marquesina crean un frente principal llamativo.
Junto a la iglesia, el despacho y la casa parroquial se orientan hacia el interior del conjunto, aprovechando los ventanales y balcones. El salón de usos múltiples, en la terraza intermedia, aprovecha la orientación para accesos y vistas. La terraza-solárium ofrece un espacio para disfrutar del paisaje.
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Con la frase utilizada en el título de este apartado, hacemos alusión al libro del arquitecto Carlos Martí Arís, titulado “Las variaciones de la identidad. Ensayo sobre el tipo en la arquitectura”. Publicado originalmente en 1993, dicho texto aborda el concepto de tipo en la arquitectura. El autor sostiene que el tipo no es un mero mecanismo reproductor, sino una estructura de la forma capaz de múltiples desarrollos.